sábado, 17 de diciembre de 2016

Madrid huele a sol



"Madrid huele a sol por las mañanas", escribió Arturo Barea en su libro La forja de un rebelde. Arturo Barea (1897-1957), como muchos otros españoles, se fue de España después de la guerra civil, y vivió el resto de su vida en Inglaterra, donde escribió casi toda su obra. 

En su obra nos habla del Madrid anterior a la guerra y del Madrid de la guerra, que él sufrió.

Hace pocos días, el Ayuntamiento de Madrid decidió dar su nombre a una plaza de la ciudad. Es la plaza, hasta ahora sin nombre, donde está una bellísima biblioteca reconstruida sobre lo que quedó de las Escuelas Pías, el colegio donde estudió Arturo Barea, Este es el edificio:


la forja de un rebelde
Plaza de Arturo Barea



Para celebrar esta decisión, el colectivo cultural La Liminal está organizando con el Ayuntamiento unos paseos por el barrio de Lavapiés, donde Barea pasó gran parte de su vida en Madrid. Y el fin de semana pasado tuve la suerte de poder participar en uno de esos paseos, que me encantó. Paseamos por las calles relacionadas con la vida y la obra de Barea, y al final hicimos unas placas conmemorativas que nosotros mismos pusimos en los muros del barrio.

Te voy a enseñar algunas de las placas colocadas hasta ahora. La primera se puso justamente en los muros de las Escuelas Pías. Viene primero una frase de  Arturo Barea, cuando describe lo que ocurrió en Lavapiés (y en muchos otros lugares) a principios de la guerra civil, cuando mucha gente, como reacción al golpe de estado del general Franco, quemó y destruyó iglesias y conventos. Evidentemente, en aquellos momentos, Madrid ya no "olía a sol".


la forja de un rebelde
Plaza de Arturo Barea



la forja de un rebelde
Calle Vélez de Guevara



La placa de arriba se puso en la calle donde vivía la madre de Arturo Barea, una mujer pobre que trabajaba como lavandera (lavaba ropa de otras personas).

La madre de Arturo Barea trabajaba en el río, pero también tenía que ir a coger agua para su casa a las fuentes públicas, porque en aquella época en Lavapiés no solía haber agua corriente ('agua que se puede beber y que se tiene dentro de las casas'). Por eso Arturo Barea sabía muy bien cómo afecta el agua fría a las manos, y, en estas otras frases de su obra, nos habla del agua helada de la fuente agrietando ('abriendo grietas, pequeñas fisuras en la piel') las manos de las mujeres. También nos habla de los acentos diversos, porque el barrio de Lavapiés era un barrio de inmigrantes que venían de muchas partes de España (igual que  hoy lo es, pero de personas de muchas partes del mundo).


la forja de un rebelde
Plaza de Nelson Mandela

Calle Juanelo



La madre de Arturo Barea también tuvo que ir algunas veces a una institución llamada La Gota de Leche, que existía en varias ciudades de España y que se dedicaba a ayudar a las mujeres con niños, dándoles, como dice la placa, leche y asistencia médica.

En la puerta de esta institución, en Lavapiés, se formaban colas muy largas de mujeres que esperaban para entrar. Una vez, pasando por aquí Arturo Barea durante la guerra civil, vio cómo una bomba caía sobre estas mujeres, matando a muchas de ellas y a sus hijos. Este es el hecho que recuerda la última placa de  hoy, conectándolo con otros bombardeos ('ataques con bombas'), en este caso aéreos (desde aviones) de otros  lugares y otras épocas. 

Con esta última placa me despido, animándote a leer la novela La forja de un rebelde. Es bastante larga, pero el estilo es muy claro, y creo que aprenderás mucho sobre una época de la historia de España.

¡Ojalá siga siempre oliendo a sol en Madrid! ¡Hasta pronto!


Calle Jesús y María



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