sábado, 24 de octubre de 2015

Aquí estuvo la loca

La ciudad de Madrid está llena de placas que nos recuerdan a personas importantes que nacieron, vivieron, trabajaron o murieron en ella, o se refieren a sucesos históricos que ocurrieron en un lugar. Estas placas son un ejemplo perfecto de cómo usamos un tiempo del pasado, el pretérito indefinido.

Algunas se refieren a acciones puntuales, que ocurrieron un día concreto, como esta de la fachada del Teatro Monumental:


tiempos del pasado
Calle Atocha

Así que una de las obras del gran compositor ruso se estrenó ('se pudo oír por primera vez') en España, quizá porque él estaba casado con una cantante de origen español.

Otros sucesos son menos agradables, como nos recuerda esta placa:


tiempos del pasado
Calle Marqués de Cubas

Aquí se produjo un atentado ('hubo una agresión contra la vida de una persona') contra el que era presidente del gobierno, el general Prim, que murió días después.


Hay madrileños que no son famosos pero quieren dejar escrito, para que todos lo vean, algo importante que pasó en sus vidas. Esta pareja, Alber y Neva, lo escribieron en un banco de piedra, muy cerca de la catedral; en ese banco fue su primer encuentro a solas, allí quedaron por primera vez:


tiempos del pasado
Calle Almudena

Otros madrileños inventan sucesos que en realidad nunca ocurrieron:


tiempos del pasado
Calle Nuestra Señora del Carmen

Pero muchas de las placas nos hablan no de cosas que pasaron en un momento determinado sino de hechos que duraron bastante tiempo. Por ejemplo, estas dos placas dedicadas a personas importantes de nuestra cultura:


tiempos del pasado
Edificio Torre España (calle Princesa)



hablar del pasado
Calle Fuencarral
Luis Buñuel, que fue amigo de Federico García Lorca y Salvador Dalí, ganó un Óscar en 1972 por una película, El discreto encanto de la burguesía, que tuvo que hacer en Francia porque la censura de Francisco Franco no le permitió hacerlo en España. Alfonso, por su parte, es el autor de estupendísimas fotos de Madrid, como esta de un zeppelin sobrevolando la Gran Vía madrileña en 1930:



El pretérito indefinido nos sirve para hablar de acciones puntuales, de poca duración (como en los primeros ejemplos), pero también para hablar de acciones de las que queremos expresar que acabaron en un momento del pasado. En las placas de Buñuel y Alfonso está muy claro que acabaron porque se expresa el principio y el final: Buñuel vivió en ese edificio veinte años (desde 1960 hasta 1980) y Alfonso tuvo su estudio en la calle Fuencarral desde 1910 hasta 1939.

Otras veces no se dice cuánto tiempo duró la acción, pero usando el pretérito indefinido marcamos que esa acción tuvo un principio y un final. Así entendemos esta pintada de una madrileña anónima:


tiempos del pasado
Calle Pelayo

Y así entendemos también esta placa que pusieron en una pared de mi clase unos alumnos cuando terminó el curso:


tiempos del pasado
EOI Goya (calle Santa Brígida)


¡Hasta pronto!



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