sábado, 15 de octubre de 2016

La iglesia no es una playa

Hace tiempo te hablé de la frase Este muro es la playa, una frase poética que me sonaba a rebeldía y a sueños imposibles pero maravillosos. Mucho más antipática es la frase que hoy he usado como título, y que encontré en este cartel, en la entrada de una iglesia. La frase está justamente debajo de los dibujos que prohíben algunas formas de vestir:


esta iglesia no es una playa
Iglesia Pontificia de San Miguel


      
Siempre me han parecido fatal las prohibiciones de las religiones. En este caso, no entiendo qué relación hay entre enseñar las piernas y hablar con Dios. ¿Es que Dios -si existe- no nos creó con piernas? Entonces, ¿por qué algunos quieren que no se vean las piernas, ni los brazos, ni la cara en algunos casos? Entiendo que no quieran gente desnuda en la iglesia, porque eso podría ser poco higiénico. ¡Pero prohibir la entrada de turistas en pantalón corto, en pleno verano madrileño, me parece muy poco cristiano!

La gente de esta iglesia se toma a sí misma demasiado en serio, ¿no? Pero en España, que fue durante mucho tiempo un país ultracatólico, hoy, afortunadamente, hay libertad religiosa, y también libertad de expresión para hacer crítica y reírse de las religiones, como hace Leo Bassi, el cómico fundador del Paticano, o sea, de la Iglesia Patólica:


iglesia patólica
Calle Embajadores

La iglesia patólica tiene como dios un pato de goma. Pero hay que ser tontísimo, "idiota de remate", para creer en un pato de goma. Así, la iglesia patólica en realidad no adora a ningún ídolo, porque su ídolo, el pato, es ridículo. 

En la entrada anterior, Santos para todo, ya te hablé de la presencia de los santos en la vida cotidiana. Lo mismo ocurre con todos los demás aspectos de la religión: aunque mi país ha cambiado mucho, la religión católica sigue siendo mayoritaria, y su tradición se refleja en las calles (como ya vimos hace tiempo, con otras fotos, en la entrada Patatas fritas para el hambriento).

Por ejemplo, en los nombres de algunas tiendas y bares:


abadía del perfume
Calle Alcalá (foto cedida por Cristina García Sánchez)

la tienda del cielo
Calle Imperial

Abadías y conventos, los lugares donde viven monjes y monjas, son lugares donde desde hace mucho tiempo se han fabricado productos artesanales con una buena reputación. Son famosos en España los dulces que las monjas hacen en algunos conventos. Durante siglos, en las abadías se fabricaron famosos licores, quesos y otros productos. Y es una tradición que no está completamente perdida: por ejemplo, en la Abadía de San Isidro del pueblo de Dueñas (Palencia) comercializan leche y queso, y en La tienda del cielo (la de la foto de arriba) venden productos de diferentes conventos de España.

Por eso, el nombre Abadía del perfume es mucho más sugerente que, por ejemplo, La casa del perfume. Los productos de abadía y de convento tienen un aire de calidad, de artesanía, de tradición.


No sé si a los responsables de la Iglesia Pontificia de San Miguel les gustaría el nombre y la fachada de este bar del barrio de Chueca que también nos recuerda a la tradición católica:



misa de doce
Calle Augusto Figueroa

El nombre del bar se refiere a la misa a la que van más creyentes, la que se celebra los domingos a las 12 de la mañana. Lo gracioso son las imágenes de las señoras que tiene en su fachada. Nos recuerdan a las viejecitas, que son las que van más a la iglesia: con su sombrerito, su bolso negro, sus gafas y la falda, eso sí, por debajo de la rodilla.

Y un último ejemplo de la presencia de la religión en las calles de Madrid es esta pintada:


pecados capitales
Calle Olivar

Las siete primeras palabras son los nombres de los llamados siete pecados capitales, o sea, las siete características peores que un cristiano puede tener. Te los voy a expresar con palabras comunes, en el mismo orden de la pintada: tener deseo y frecuente actividad sexual, no tener ganas de trabajar, comer demasiado, enfadarse demasiado, querer lo que tienen otros, querer tener mucho dinero y no compartirlo, y sentirse superior a los demás. 

Lo que me gusta es la pregunta final: tú, ¿de quién eres? Esta frase significa '¿de qué familia eres?, ¿de quién eres hijo?', y habitualmente se oye (o se oía, yo creo que ahora se oye cada vez menos) en los pueblos pequeños o medianos, donde todo el mundo se conoce; se le pregunta esto a alguien para relacionarlo con su familia.

En este contexto, entiendo que la pregunta quiere decir '¿cuál es tu pecado?' porque, con toda razón, piensan que todos tenemos, como mínimo, una de estas características. O sea, que no existen personas totalmente libres de alguna de estas características. Eso me hace pensar que quizá esos pecados no sean tan "capitales", o sea, tan importantes, y que todo depende del grado. No es lo mismo ser un poco perezoso que no hacer nunca nada, por ejemplo. 

Por cierto, ya que hablamos de pecados capitales, te recomiendo esta entrada del blog Español con arte sobre los siete pecados capitales y el pintor El Bosco (este año se cumplen cinco siglos de su muerte, por eso está de plena actualidad.

Yo reconozco que a veces me da pereza hacer algunas cosas, que algunas cosas me dan un poco de envidia, que me gusta bastante comer... Y tú, ¿de quién eres, jejeje?

¡Hasta pronto!


2 comentarios:

  1. ¡Qué buena entrada! Me gustó mucho leerlo. Y con respecto a tu pregunta, pues, creo que soy mezclado - un poquito de Pereza y de Gula, pero por supuesto soy de S(ob)erbia! ;)

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    1. Jajaja, ¡qué buen juego de palabras! ¡Gracias por tu comentario, Goran!

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